Viene de aquí.

Empujar: una fuerza por contacto.
Todo el mundo está habituado a experimentar fuerzas: sostenemos una maleta mientras caminamos, empujamos una puerta o tiramos de una cuerda. En todos los casos hay un contacto entre nosotros y el objeto sobre el que se ejerce la fuerza: son fuerzas por contacto. Hay fuerzas, y muy importantes, en las que los objetos que interaccionan no se tocan. Fuerzas que se ejercen a distancia.
Si frotamos un bolígrafo contra un jersey de lana, el bolígrafo es capaz de atraer pequeños papeles. Los imanes de la nevera son atraídos hacia la nevera desde cierta distancia y sabemos que la Luna orbita la Tierra atraída por la fuerza de la gravedad. Son todas fuerzas que se producen a distancia, sin necesidad de contacto entre los cuerpos.
Existen dos grandes fuerzas a distancia:

Charles de Coulomb, descubridor de la ley que calcula la fuerza entre cargas.
Electromagnetismo. Se debe a la existencia de cargas eléctricas. En la naturaleza existen dos tipos de cargas, llamadas positiva y negativa. Dos cargas se atraen cuando son de diferente signo y se repelen si son de signo igual. Es decir, las cargas positivas atraen a las cargas negativas y son atraídas por estas, las cargas positivas repelen a las cargas positivas y las cargas negativas repelen, también, a las cargas negativas. La fuerza con la que las cargas se atraen o repelen viene dada por la ley de Coulomb, la fuerza entre dos cargas es proporcional al producto de las cargas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Cuanto mayor sea el valor de las cargas, mayor será la fuerza con la que se atraen o se repelen y cuanto mayor sea la distancia, menor será la fuerza. Sin embargo, la distancia es más influyente que la carga eléctrica, ya que aparece al cuadrado. Si duplicamos la distancia entre dos cargas, la fuerza se reduce a la cuarta parte. Si multiplicamos la distancia entre las cargas por diez, la fuerza hay que dividirla por cien. La expresión matemática de la ley de Coulomb es:
Gravitación. La fuerza gravitatoria fue descubierta por Newton, a quien debemos las leyes de la dinámica que hemos mencionado anteriormente, y muchas otras leyes y teoremas matemáticos. Todos los cuerpos con masa, y todos los cuerpos tienen masa, se atraen con una fuerza que es proporcional al producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Su expresión matemática es muy parecida a la ley de Coulomb y recibe el nombre de ley de la gravitación universal:
Si hay dos tipos cargas eléctricas y la fuerza entre ellas puede ser repulsiva, si las cargas son del mismo tipo, o atractiva, si las cargas son de distinta clase, sólo hay una masa, y la fuerza siempre es atractiva: todas las masas se atraen entre sí.
Pero hay otra diferencia fundamental entre la fuerza gravitatoria y la fuerza eléctrica: la fuerza gravitatoria es muy pequeña. Sólo es apreciable cuando uno de los cuerpos que se atraen es extremadamente grande. Aunque la fuerza de la gravedad es la que controla el movimiento de las estrellas, los planetas y las galaxias, se debe a que son cuerpos con masas gigantescas. La Tierra, cuya fuerza gravitatoria notamos como peso, tiene una masa de casi seis cuatrillones de kilogramos, un seis seguido de veinticuatro ceros: 6000000000000000000000000 kg. Aunque dos personas se quieran mucho, la fuerza de atracción entre ellas es prácticamente inexistente.
Aunque empezábamos hablando de fuerzas por contacto y fuerzas a distancia, en realidad todas las fuerzas son a distancia y de naturaleza eléctrica: los átomos y moléculas tienen en su exterior electrones, con carga negativa y cuando empujamos una puerta, a nivel microscópico, nuestros electrones repelen a los electrones de la puerta, obligándola a abrirse y sin que nunca se toquen realmente.
En la naturaleza existen otras dos fuerzas: la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil, pero sólo se manifiestan en las partículas subatómicas.




















